Bienvenidos

Este es el Blog del Grupo Juvenil, Caminando con Jesús que pertenece a la Parroquia Jesucristo Redentor en Bogotá. Semanalmente se publicará una entrada de parte de alguno de los miembros del grupo acerca de temas diversos.
Mostrando entradas con la etiqueta Juventud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juventud. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de abril de 2012

Pascua Juvenil 2012 – Zona Pastoral Episcopal San Pedro

En este video se resume la experiencia que compartimos el 7 de Abril con otros grupos juveniles de la Zona Pastoral Episcopal de San Pedro, celebrando la Pascua Juvenil.

lunes, 22 de agosto de 2011

SANTA MISA PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

SANTA MISA PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
PALABRAS DEL SANTO PADRE
AL INICIO DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid
Domingo 21 de agosto de 2011
Queridos jóvenes:
He pensado mucho en vosotros en estas horas que no nos hemos visto. Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo. Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez, y no sólo los ojos, también el corazón, y esto os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo. Con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos abandona, comenzamos nuestra celebración eucarística llenos de entusiasmo y firmes en la fe.
* * *
HOMILÍA
Queridos jóvenes:
Con la celebración de la Eucaristía llegamos al momento culminante de esta Jornada Mundial de la Juventud. Al veros aquí, venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira. Sí, el Señor os quiere y os llama amigos suyos (cf. Jn 15,15). Él viene a vuestro encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una vida plena, y haceros partícipes de su relación íntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de compartir también con los demás la alegría que hemos recibido. Ciertamente, son muchos en la actualidad los que se sienten atraídos por la figura de Cristo y desean conocerlo mejor. Perciben que Él es la respuesta a muchas de sus inquietudes personales. Pero, ¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy?
En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.
Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.
Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.
En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.
Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.
Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.
De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.
Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os encomiendo a la Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén.
BENEDICTUS PP. XVI

sábado, 7 de mayo de 2011

Calendario de Actividades 2011

Como lo prometido es deuda, aquí está nuestro calendario de actividades 2011:

He instalado un cajón pequeño en la barra derecha de la página para que allí aparezcan las dos actividades más próximas.

Jesús Herrera.

miércoles, 16 de febrero de 2011

DELEGADOS DE PASTORAL JUVENIL SE REUNEN PARA CONSTRUIR PLAN NACIONAL

DELEGADOS DE PASTORAL JUVENIL SE REUNEN PARA CONSTRUIR PLAN NACIONAL

Cerca de 50 delegados de pastoral juvenil de todo el país se reúnen en Bogotá para participar en el XXVII Encuentro Nacional de Pastoral Juvenil y Coordinadores de Movimientos Juveniles Apostólicos.
El encuentro tiene como objetivo construir, de forma colectiva, un plan nacional que proyecte los pasos de esta pastoral en los próximos años en nuestro país.
Durante la sesión de inauguración, el Director del Departamento de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), Padre Roberto Arenas, manifestó su esperanza para que junto a todos los delegados se pueda construir un plan que beneficie a la Pastoral Juvenil en este país.
El encuentro, que comenzó el martes 15 de febrero en instalaciones de la CEC, concluirá el viernes 18 de febrero.

Tomado de:

http://www.cec.org.co/index.shtml?s=g&x=33586

sábado, 5 de febrero de 2011

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XLV JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA XLV JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital

5 de junio 2011

Queridos hermanos y hermanas

Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo: la propagación de la comunicación a través de internet. Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión.

Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano.

Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia.

De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida. Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer “amistades”, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio “perfil” público.

Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi “prójimo” en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo “diferente” al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida.

También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 P 3,15).

El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la “popularidad” o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento.

La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe.

Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón.

La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas. Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez.

Invito sobre todo a los jóvenes a hacer buen uso de su presencia en el espacio digital. Les reitero nuestra cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, cuya preparación debe mucho a las ventajas de las nuevas tecnologías. Para quienes trabajan en la comunicación, pido a Dios, por intercesión de su Patrón, san Francisco de Sales, la capacidad de ejercer su labor conscientemente y con escrupulosa profesionalidad, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de enero 2011, fiesta de san Francisco de Sales.

BENEDICTUS PP. XVI

viernes, 3 de diciembre de 2010

"Aprender a arrodillarse" (el descubrimiento de la amistad). P. Llucià Pou Sabaté

Andaba por la web, y me encontre con un artículo maravilloso que me gustaría que leyeran. Así que se los copio textualmente.

"Aprender a arrodillarse" (el descubrimiento de la amistad).

¿Es el dolor piedra de toque de toda la estructura vital de la persona? En ese caso, la respuesta ante el problema del sufrimiento hará que la balanza de los sentimientos vitales se incline hacia la esperanza (la alegría de vivir) o hacia la tristeza (el desconcierto de lo absurdo). Vamos a ver algunos aspectos del contacto que la adolescencia y la juventud toman con él, en momentos particularmente importantes para descubrir el sentido de la vida. En definitiva, queremos acercarnos al misterio de la relación que tiene el sentido de la cruz con la alegría.
1. Incógnitas de juventud
Escribía una chica: "Tengo veintidós años, juventud y fuerza para vivir, pero en muchas ocasiones me siento indiferente y alejada de los demás. Río, pienso, disfruto y sufro pero no soy uno de ellos, tarde o temprano he de huir; no sé por qué pero encuentro una barrera, como un muro... trato de ser sociable pero vivo añorando mis largos paseos por la playa o por el camino, dejo de tocar con los pies en el suelo y me alejo de las personas. Me siento atada a las personas y ahogada por ellas al mismo tiempo, qué paradoja. Creo que no sé vivir. Necesito espacio, aprender a expresarme, vencer mi timidez día a día, pero una y otra vez meto la pata, pierdo las oportunidades, se pasa el tiempo... y quisiera saber la causa de la tristeza que a veces siento en mi interior, quisiera saber por qué esa indiferencia y vacío que me impide pensar, sentir, vivir; quiero saber si sé amar... pero no sé bien qué es lo que busco, y además, ¿por dónde empezar? ¿por dónde?"
La protagonista de estos pensamientos refleja bien, junto con una inseguridad que arranca de la adolescencia, una lucha por la vida, una apertura a la esperanza. Junto al "miedo a vivir" que se experimenta en el paso de la adolescencia a la juventud, tiene las tentaciones de refugiarse en uno mismo y en las fantasías, quizá imaginando una historia en la que nosotros somos los protagonistas incomprendidos y despreciados por el momento, "pero llegará el día que podremos demostrar el talento oculto, y un acto de servicio a los demás que podrá ser heroico, y entonces los demás reconocerán nuestros méritos..." ¡qué bien se está ahí, en estas fantasías! "¡Quién pudiera prolongar esos sueños!", pero el tiempo castiga...! y si uno se encierra en ese "éxtasis", no vive, en realidad se encierra en su torre de marfil, alejado del mundo y de los demás. Hay que bajar del éxtasis, salir del dulce sueño y tomar partido en la batalla de la vida.
2. ¿Por dónde empezar? Las preguntas de la chica "¿cómo, por dónde empezar? ¿y sé amar?" no pueden quedar sin respuesta: "empieza a amar, deberíamos decirle a esta persona necesitada de convicciones, ábrete a los demás, ayuda a alguien, no huyas, tira ese mundo que en realidad no es más que un engaño. Ese obstáculo que tanto te separa de los demás -convéncete- es imaginario, está sólo en tu cabeza. Mete la pata las veces que sea necesario y caliéntate al fuego de la esperanza, ríete de ti misma y no te congeles por el hielo del aburrimiento, el miedo al sufrimiento y a la acción, y no te pierdas más en ese mito irreal lleno de vanas complacencias..."
Aburrimiento y soledad en el joven. ¿Cómo se da en el joven esta soledad existencial y afectiva, ese aburrimiento? Si no tiene alguien con quien comunicarse de verdad, con quien confiar, la soledad que a la persona en lo más íntimo de su alma; y al parecer hoy día más: se crean unos problemas subjetivamente inmensos de incomprensiones, incomunicabilidad, aislamientos, individualismos, tristezas, ansias, angustias, sentirse abatidos, desánimos y depresiones... como la abulia, este mal que lleva a no conseguir hacer nada, no encontrar gusto a nada, esta insatisfacción que les lleva a exclamar "no encuentro sentido a la vida, tengo nauseas de todo, todo me es indiferente". En este contexto, hay formas de alienación que encuentran ahí campo de cultivo para su desarrollo: la publicidad fácil, el "escape" a través del alcohol, sexo o droga. Y cuando el erotismo prevalece sobre la persona, ésta pierde la alegría, se vuelve enseguida infeliz, con consecuencias desastrosas... a menos que no intervenga una particular fuerza que lo conmueva, le cree el "transfert", el entendrecimiento, el "desbloqueo afectivo". Y es que puede la persona caer por un deslizamiento ya descrito en esa infernal ruina afectiva; y reparar el mundo afectivo es difícil, porque la persona afectada, llevada por esa esterilidad va tras unos proyectos personales, ambiciones y pretensiones que le endurecen el corazón, le obstinan. Todo es motivo de descontento, y la desconfianza toma cuerpo como forma de esconder la incapacidad de resolver los problemas personales, y se quiere jugar a hacer el papel de víctima, y al mismo tiempo se hace de espectador ante su propio caso.
En su intimidad solitaria, el adolescente se experimenta a sí mismo, y a la medida que sus aspiraciones se hacen más realistas, menos utópicas, va madurando el carácter y su adaptación al medio, y un contacto social más estable y constante. Pero en muchas ocasiones aparece también el cuadro descrito de aburrimiento, acompañado a veces de un cierto sentimiento de inutilidad. Es necesario entonces experimentar que la vida es lucha, y que afrontando las cosas se vence, hay que vivir la propia vida y decidir lo que hay que hacer en cada momento, aun con riesgo de equivocarse; el aburrimiento está unido a la falta de un plan, a la carencia de un programa, a la ausencia de un proyecto. Es sinónimo de inseguridad, de desconfianza en sí mismo...
Este aburrimiento se esconde en muchos jóvenes bajo formas de activismo, situaciones divertidas o entretenidas, como formas de escape. En ellas no se busca la cosa en sí, sino el frenesí o excitación que la búsqueda comporta, y quizá va a la discoteca buscando un "algo" extraordinario, que nunca llega. Dice el prof. Polaino que en las situaciones divertidas el sujeto se vierte y escapa de los sentimientos de inutilidad, pero ya Kierkegaard advirtió que el aburrimiento mismo es una forma existencial de desesperación, de uno mismo, pues uno mismo es lo que aburre, al estar vacío. Es una forma análoga a las situaciones de frustración radical porque hagas lo que hagas no consigues realizarte a ti mismo, no hay auto-posesión, no se tiene a sí mismo, no hay capacidad de auto-donación por tanto y al no compartir hay experiencias de soledad. La diversión es un elemento importante del bienestar emocional, pero esa idea depende en gran medida de la educación de cada persona, de su cultura y sus ideales, valores y objetivos para la vida.
3. La soledad y la tristeza se evitan cuando hay un "tú". El hombre es, por naturaleza precisamente, un ser indigente, no acabado. No se realiza cuando está encorvado sobre sí mismo, como hemos visto, metido en sí (ensimismado) sino cuando está abierto al tú (entusiasmado). Imagen de Dios, que es comunión, sólo se realiza cuando se sale (cuando está en éxtasis, a imagen de Dios que se da de continuo). Entonces se funda un "nosotros". Y esto supone saber elegir compromisos con los demás, es estar dispuesto a asumir las responsabilidades que se desprenden de esta vinculación. Entonces también hay un mayor conocimiento de uno mismo, pues somos un proyecto de compañía, de cierta donación de uno mismo, de amistad, de amor. Se descubre entonces que la persona se autorealiza en la medida que contribuye a la realización de los demás, que nadie se autorealiza a sí mismo en solitario. La amistad supera el egoísmo utilitarista en las relaciones de unos con otros: no son amigos aquellas personas a las que "utilizamos" como compañía de diversión o únicamente para pasárnoslo bien y sólo cuando nos conviene; tales personas son, a lo sumo, "muletas afectivas" para nuestro entendimiento egoísta. Y la amistad es necesariamente otra cosa. De repente uno se da cuenta de que «alguien» ve las cosas igual que nosotros y se exclama: "¡Es bueno que existas!". Pero los amigos no se miran a los ojos, y a diferencia de los amantes apenas hablan de su amistad; su mirada está dirigida a las cosas que a los dos interesa (como decía F. Salinas Alonso, en "La amistad", en colección "Mundo Cristiano"). Un amigo es un tesoro.Y allí donde está nuestro tesoro está nuestro corazón, a decir de la Escritura. La amistad es una de las formas de manifestarse el amor, y como todas ellas, es algo que el hombre experimenta como maravilloso. Según Pieper, el amor consiste en aprobar y afirmar lo que ya estaba ahí. Amar algo o alguna persona es ponerse delante suya y decirle: "Es bueno que existas, es bueno que estés en el mundo". Y necesito esta forma de amor. Necesitamos de amigos a pesar de que en los momentos bajos pensemos si no sería mejor, más hermoso, no necesitar de nadie; pero enseguida vemos que no es un sentimiento interesado. Que amar consiste más que en recibir, en dar, esto está muy enraizado en el joven. Y buscando la felicidad del amigo estoy encontrando la mía también. En esto consiste lo maravilloso del amor. No busco mi felicidad sino la del otro. Pero a la vez soy feliz yo también. «Todo amor verdadero carece de cálculo -dice San Bernardo- y sin embargo tiene un pago; incluso únicamente puede recibir ese pago si no lo ha incluido en sus cálculos. Quien, como pago del amor, sólo piensa en la alegría del amor, la recibe. Pero el que busca otra cosa que el amor .mismo, pierde el amor y también la alegría"

   
Autor: 
Padre Llucià Pou Sabaté
Tomado de:
Church Forum http://www.churchforum.org/aprender-a-arrodillarse-descubrimiento-amistad.htm

¿Verdad que es magnífico? Espero les haya gustado.
Jesús Herrera